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Retos y perspectivas del movimiento de los trabajadores y de la Revolución

Desde nuestra experiencia, el proceso revolucionario venezolano que marcha hacia el socialismo, tiene dos signos que lo caracterizan:

• Uno es su sentido humanista y antropocéntrico que comienza a darle una visión ontológica a los procesos políticos, asumiendo los mismos como liberadores de las potencias creadoras de nuestro pueblo, poniendo en entredicho cada vez más las visiones deterministas, instrumentales, técnicas y pragmáticas de la política.

• Esto se explica mejor en su segundo signo que es el sentido participativo y protagónico que viene adquiriendo nuestro proceso, en el cual los sectores desposeídos se convierten en los verdaderos sujetos históricos. Lo que en si mismo implica una ruptura no solo con respecto al modelo representativo de la derecha sino también con cierto “vanguardismo de izquierda” que ha venido sustituyendo y menospreciando a los verdaderos sujetos de la revolución.

Tal vez estos aspectos arriba señalados, pueden convertirse en los mejores aportes a la teoría de la revolución mundial. Por ello la dimensión colectiva de nuestro proceso, en sus definiciones tácticas y estratégicas, en su construcción, en su conceptualización involucra no solo a toda la clase trabajadora y al pueblo; sino también a estamentos, que históricamente jugaron papeles de coerción y represión a los sectores populares, como lo son las fuerzas armadas, donde existe hoy en día un sentimiento profundo de critica al capitalismo y al imperialismo, y un debate intenso sobre el surgimiento de una nueva doctrina militar que contenga los valores no solo nacionalistas sino profundamente populares y revolucionarios.

En lo concreto podemos hablar de que nuestra revolución, entre otras cosas, apunta a dos aspectos fundamentales

• Proporcionar bienestar a los sectores más desposeídos, tradicionalmente golpeados por siglos de exclusión social y política, y en sus necesidades fundamentales.

• Y por otro, la transformación revolucionaria del estado burgués, indiscutiblemente y más allá de cualquier elucubración manualesca o academicista, esto no es tarea fácil, y la hemos venido asumiendo con la humildad de quienes conocemos la complejidad y dificultad de las mismas.

Estas consideraciones son principios fundamentales que deben tener un impacto en la consolidación del bloque regional alternativo y antiimperialista.

Clara intención de abordar estos aspectos son las misiones sociales impulsadas por el Gobierno Revolucionario y Bolivariano del Presidente Hugo Chávez: Misión Robinsón: alfabetización; Misión Ribas: educación media, Misión Sucre: educación superior; Misión Barrio Adentro: salud; Misión Vuelvan Caras: capacitación y empleo, entre otras. Todas estas pasan por encima de la institucionalidad del Estado burgués heredado y van creando la premisa para la construcción del otro poder, el poder dual, es decir, el poder popular y de los trabajadores.

Con aciertos y errores, han comenzado a calar en la conciencia del pueblo, para hacerlas suyas y apuntalar la convicción de su protagonismo revolucionario. Otra instancia transversal con iguales propósitos de preeminencia del poder popular son los consejos comunales.

En cuanto al papel definitorio y decisivo del movimiento de trabajadores en la Revolución Bolivariana, debemos reconocer que todavía éste no ha alcanzado sus mayores niveles de potencialidades revolucionarias, lo que se explica por el peso de la vieja cultura sindical cetevista (CTV) y la “condición defensiva de sus luchas”. Sin embargo existen manifestaciones importantes de compromiso con el proceso revolucionario.

Dentro del esfuerzo de incorporar a este importante sector a las tareas revolucionarias y ante la necesidad del mismo, de contar con nuevos y auténticos instrumentos para la defensa de sus derechos, surge la Unión Nacional de Trabajadores – UNT, el 05 de abril de 2003, además como respuesta contundente a la traición, inconsecuencia y decadencia de la CTV, y su nefasto papel tanto en el golpe de Estado como en el sabotaje petrolero, así como también a su historia de actuaciones entreguitas, patronales y escándalos de corrupción.

Podemos afirmar que la UNT es la reivindicación más importante de los trabajadores venezolanos en los últimos años, hija indiscutible del proceso revolucionario. Desde el punto de vista del espacio nacional e internacional, su presencia ha derrotado a la CTV y a la contrarrevolución.

A tres años de su fundación, la UNT está en una construcción en pleno desarrollo, que podemos caracterizar como un crecimiento estructural, organizativo, incluso aluvional, por las expectativas generadas, las consignas enarboladas y la presencia en las luchas de los trabajadores.

Sin embargo, su evolución desde el punto de vista cualitativo, es decir conceptual, a propósito de la definición de un nuevo modelo sindical que tenga correspondencia con los tiempos de revolución, que rompa con los esquemas representativitas, ejercitando la democracia participativa y protagónica, colectivizando la dirección de dicho movimiento y dando paso también a una visión más ofensiva de la lucha sindical, (o sea hacia el tema del poder), todavía no ha cuajado.

Es por ello que la actual etapa, concebimos que se presenta como un periodo de búsqueda colectiva en función de llenarla de contenidos, es decir una transformación política y cultural, que implica una revisión profunda de nuestras prácticas y que pasa también por el necesario deslinde teórico, ideológico y programático, lo que no significa ni su fractura ni su división, porque si algo tenemos claro los trabajadores venezolanos es que la UNT es un patrimonio colectivo de los trabajadores y de la propia revolución, y no de cualquier factor en particular.

El reto que tiene nuestra central es el de contribuir a la consolidación y profundización de la revolución bolivariana, así mismo de aportar a la definición del carácter socialista de nuestra revolución, que está indisolublemente vinculado al programa de la clase y a la creación de otros espacios políticos, de poder y participación, como lo son los Consejos Bolivarianos de Trabajadores, que asuman la dirección y orientación política de las luchas de los trabajadores, que controlen la acción sindical e institucional, como organismos de la clase; y que profundicen, en la construcción de la gran muralla que blinde nuestra revolución: la conciencia de su clase trabajadora.

Por: Colectivo Trabajadores en Revolución
Caracas, noviembre 2006

 

 

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